El INBAL recuerda al muralista Antonio González Orozco



La vida y la obra del artista plástico Antonio González Orozco (Chihuahua, 10 de mayo, 1933-Ciudad de México, 10 de junio, 2020) serán reconocidas el próximo año por la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través de la Coordinación Nacional de Artes Visuales y del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas, con el homenaje que le rendirá en el marco de la conmemoración por el centenario del movimiento muralista en México.

La Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el INBAL recuerdan al dibujante, grabador, escultor y pintor, considerado uno de los últimos muralistas en nuestro país con una trayectoria de más de seis décadas, en su primer aniversario luctuoso, en el contexto de la campaña “Contigo en la distancia”.

El primer contacto de González Orozco con las artes visuales fue a sus 20 años, cuando su padre lo presentó con el maestro Leandro Carreón, quien en aquella época realizaba dos murales en una de las estaciones de ferrocarril de la capital chihuahuense, y de quien se convertiría en su aprendiz. Después se mudó a la Ciudad de México para ingresar a la Academia de San Carlos, donde fue discípulo de Diego Rivera, quien consolidó su interés en el muralismo.

Sus piezas tuvieron una línea pictórica un tanto experimental y distante a la de sus maestros Carreón y Rivera, más cercana al realismo poético. Parte de su obra fue exhibida por primera vez en 1960, en su estado natal, y hasta la fecha se ha presentado en varios países, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Polonia, Rumania y Nueva Zelanda.

Sus murales más conocidos, que forman parte del patrimonio artístico de las y los mexicanos, son los ubicados en el Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, en la Ciudad de México: Entrada triunfal de Benito Juárez al Palacio Nacional (1967), con el cual se conmemoró el centenario de la llegada del entonces presidente con su gabinete a la capital del país y Juárez, símbolo de la República contra la intervención francesa (1972), recordado por haber figurado durante 17 años en la portada del libro de Historia para quinto grado de primaria.

Otro de sus grandes murales, Madero: la Revolución de 1910 (1976), se encuentra en la casa que habitó Francisco I. Madero en San Pedro de las Colonias, Coahuila. El Hospital de Jesús, en la capital de la República, cuenta con otro obra del artista chihuahuense: Historia de la medicina en México (1993).

Por su trayectoria, fue homenajeado por el INBAL en el Alcázar del Castillo de Chapultepec en 2013, y en 2015 fue organizada y exhibida la retrospectiva El chihuahuense Antonio González Orozco. Uno de los grandes muralistas mexicanos, en Casa Chihuahua, en colaboración con el Instituto. En esta exposición en su ciudad natal se asoció su obra mural con piezas de caballete, esculturas en bronce de pequeño formato, bocetos de un mural y diversos objetos, como algunas de las herramientas que empleó para elaborar sus obras.